Sandra fué a la guardería desde los 2 años a los 3, Sergio no va porque no es lo mismo ser hijo único a cuando ya hay hermanos con los que jugar y hablar, no es tan urgente ir a “sociabilizarse” con otros niños.
Lo que me pasó a mi como madre primeriza, es que tienes que adaptarte a nuevas situaciones, situaciones donde tu hijo puede ser pegado por otros niños, o ignorado por los “amiguitos”, insultado, ser acusado de pegón o de provocar peleas y mil cosas más.
Cuando eres primeriza se vive con bastante drama, es como que se te cae el mundo porque a tu niñita (que la ves tan indefensa, tan pequeña e inocente) le han pegado sin motivo aparente, la rechazan o no la cuidan las cuidadoras como deben. Se vive como un dolor propio, y cuesta acostumbrarse a que tu bebé está ya en el mundo real con todos los peligros y problemas que eso conlleva.
Alguna vez llegué a recogerla y la encontraba con la blusa con varios botones desabrochados, y mi impresión era de que no la atendían correctamente. Pensaba que habiendo varias cuidadoras ¿Cómo no se habían dado cuenta que llevaba la ropa desabrochada?, ¿Significaba eso que la tenían medio abandonada?,¿Cuánto tiempo estuvo así de desatendida?. Puede ser que llevase pocos minutos con la ropa así, no lo sé, pero muchas veces me dió la sensación de que los niños estaban un poco como en una cárcel, pasando el rato muchas veces cada uno jugando sólo, esperando a las madres, y aunque tenían muchas actividades como pintura con dedos, o con todo tipo de ceras, rotuladores y demás, hacían fichas tipo preescolar con pegatinas, series de puntitos de grafomotricidad, manualidades, cine, juegos y canciones, bailes, difraces, etc, etc…. pero aún así había ratos donde los niños se veían simplemente esperando a las madres ansiosos, aburridos o cansados.
No faltaban las peleas. siempre se dice que es cosa de niños, que un día pega uno y otro día pega otro, lo cual es verdad, pero también es verdad que siempre hay niños más pegones, y a Sandra le tocó algunos de estos niños.
Al final me cansé de ver que ella se quejaba de que le quitaban los juguetes o le pegaban cada semana. Recuerdo que incluso pasamos del “no se pega” a “pues si te pegan dales tu también”, porque la verdad que hay niños que por más que les digan que no se pega siguen igual o peor, así que ya me cansé y pensé que sería mejor que ella misma se defendiese un poquito.
Una vez tuve una reunión privada con la jefa de la guardería. Le comenté todas las cosas que no me gustaban, no entendía por qué no podían controlar a esos niños que tanto pegaban (eran dos o tres tan sólo), yo iba decidida incluso a quitarla de esa guardería, pero al final hablamos de todo, me explicó muchas cosas desde su punto de vista como educadora, de su experiencia personal, de estos niños, etc, etc.
Pero lo que más me impactó fué una frase que me dijo: Tú no tienes que proteger a tu hija de todas las cosas malas, tienes que enseñarle a que no le afecten (bueno algo así era, no recuerdo las palabras exactas porque ya hace 9 años de eso). Lo importante era no hacer un drama de cada pequeño problema, porque a más le demos importancia, más le afecta a nuestro hijo. Si un niño le pega y tú te pones histérica y reclamas, y a tu hijo lo consuelas como que sufrió una injusticia y dramatizas todo es peor.
Y lleva mucha razón, no podemos luchar contra el mundo constantemente defendiendo a nuestros hijos, cuando sean mayores seguirán encontrándose con peligros, con golpes, con gente mala, gente que les hará daño a todos los niveles, y simplemente las madres no podemos evitarles estar en el mundo real. Pero sí podemos ayudarles a ser más fuertes por dentro, a hacerles entender que siempre habrá alguien que quiera herirles, pero que ellos deben ser capaces de hacer que eso no les afecte.
Hasta entonces tenía el típico pensamiento de madre de bebé, o sea el de proteger, pero las madres debemos evolucionar con nuestros hijos, y después de madre de bebé debemos ser madres de niños, y luego madres de adolescentes y adultos. Ser madre de niño ya implica que no sólo debes proteger, sino hacer que tu hijo también se proteja sólo, empiece a saber cómo lidiar con el mundo y la gente, por supuesto evitando problemas, pero también haciendo que no le afecte todo tanto, enseñarle a ser fuerte. No me refiero a retener las lágrimas porque esté mal visto llorar (sobre todo en los niños), sino que comprenda que si alguien le hace daño es quizá por envidia, odio injustificado, diferencia de opiniones, por mal carácter o porque simplemente se aburren y son bobos o malas personas, y que por eso él no debe sufrir ni hacerles caso.
Ahora si llaman a sandra “china”nos reimos de ellos, porque sabemos que son niños tan estúpidos que sólo saben perder el tiempo en niñerías superficiales, en vez de valorar la amistad de cada compañero. Muchas veces le he explicado a Sandra que es “normal” que otros niños saquen los defectos. Todos vemos defectos en los demás, pero si tu le gritas a alguien “gordo” “feo” o cualquier otro calificativo sólo demuestras ser un inmaduro, porque tú también tienes defectos, y además no se debe herir a la gente por cosas así, son cosas que no podemos cambiar (somos como nacemos y nadie elige nacer así).
Así que cuando me comentaba si la llamaban “gorda” o “china”, nosotras nos reíamos hablando de ese niño o niña, “pues ella está tan delgada que tiene piernas de palo, y además no tiene nada de pecho, cuando sea mayor lamentará estar tan escurrimizada”
, o “pues él es un enano que te llega por debajo del hombro,¿Cómo se atreve a insultar a otros con lo enano que es él?”. Siempre quise que Sandra entendiera que eso no debía afectarle porque todos tenían algún defecto o problema.
Quizá sin aquella frase de esta educadora, hubiese sufrido más durante años, con cada insulto, pelea, desprecio o comentario hecho a Sandra en el colegio, así que le estoy agradecida porque me enseñó algo valioso. Creo que me ayudó bastante a ver las cosas diferente, a hacer que a Sandra no le afectasen tanto las cosas (ni a mi), y además esa frase nos la tenemos que aplicar también los adultos, porque siempre habrá alguien que nos quiera hacer daño….
Recuerdo que cuando a mi me insultaban (a todos nos insultan de pequeños por algo), mis padres símplemente decían “¡ésa es gilipoyas, tú ni caso!”¡jajaja!
. Mis padres no sabían de revistas ni libros para aprender a educar a los hijos, pero ya sabían que debían hacer que no nos afectasen las cosas
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Ser padres es toda una aventura: protegerles, educarles, fortalecerles, hacer que sean autónomos día a día, y sin duda lo más doloroso es saber que no podemos evitar que aún así ellos sufran por tantas y tantas cosas,( y más que sufrirán a medida que crezcan), es ley de vida, pero a ver si al menos conseguimos mitigarles el dolor un poco
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